Friday, March 13, 2009
Poema de Djuna Barnes
ocultando mis ojos, y pretender que cavilo?
Cartas entre mujeres escritas en el siglo XII encontradas en un manuscrito alemán.
Las cartas y los poemas de amor de Emily Dickinson a Susan Gilbert
Saturday, June 28, 2008
Se viene el esta llido
- ¿Ves? El local está rebueno, y está cerca de la librería. Hasta podríamos hacer una sección de literatura lésbica, gay, queer, qué sé yo! –dijo Roberto dando una pitada al cigarrillo.
- Está muy bueno. Con unos cuantos arreglos quedará perfecto –comentó Melisa.
Yo me puse a recorrerlo, pensando qué se necesita hacer.
- ¿Bar solo?, pregunté
- Por ahora sí, pero pensamos con Damián en un Resto-bar.
-Buena idea, dije.
- Y abierto todo el día.
- Más que buena idea. Habrá que ver quiénes se van animando!
- Mirá, …, la cuestión es que vengan, si vienen sólo a la noche, abriremos en ese horario para no perder guita, y si da todo el día, todo el día será.
- No me dijeron qué nombre están pensando.
- “La Mariposa”, dijo totalmente excitado Roberto.
- Ay, no, entre este y la librería tendremos un zoológico.
- Andá, que sos loca! Pero te quiero igual!, me dijo abrazándome fuerte.
Salir del armario
!La que se armó! Ella no quería que todo el mundo supiera que ella era lesbiana. Yo le expliqué que mis viejos sabían que yo era. No le había dado ningún nombre.
No fue fácil, vernos, amarnos y seguir construyendo algo. Pero la pasión era muy fuerte. Y tener pasión en un lugar como Santa Lucía no es muy sano, salvo que estés pensando en irte de ahí.
Lo habíamos planeado. Cuidadosamente. Pero cuando llegó el momento, casi con los boletos de micro en la mano, yo dije: “me quedo”. Inés nunca me lo perdonó. Por eso Amanda insiste con que la dejé ir. Por lo que supe, se fue con el tiempo a Estados Unidos, y allá se casó con un tipo. Me dicen que tiene una hija. Nunca salió del armario, nunca dijo nada.
A mí me echaron de un laburo, pero a escondidas, no.
En guar dia
Charlamos algo de esto con Melisa. Sobre su familia no habla mucho, aún, y yo no quiero apurarla. Con sus amigas o allegados parece que la tiene clara. Esto de poder ir por la vida y poder decir: mi compañera/o es XX y que esas XX no sean un nombre de hombre (en el caso de las lesbianas), que disfrazaría a la verdadera persona.
No es fácil ir de frente, decir qué sos, en realidad qué sentís y con quién lo sentís. Es todo un proceso. Pero hay momentos que la lesbohomofobia me acecha, y no es bueno. Para nada.
Chapa y pintura
Me siento muy relajada, con ganas de cenar algo rico (no se me ocurre qué puede ser), y la estoy esperando a Melisa, que está por caer de un momento al otro..
Mientras me daban los masajes estuve pensando en toda la tensión que viví estas últimas semanas. Me parecen siglos. Pero sé que me hace muy bien poder estar como estoy, con quien estoy. En el trabajo las cosas van bien, y algunas personas me están recomendado a gente amigas de otras ciudades, al menos más grandes.
Necesitaba hacer este cambio, digo, el pelo. En mí es todo un signo. Me siento como más liberada, sin esa pesadez del cabello largo. Además ya me estaba resultando algo incómodo en la cama (jeje). A Melisa le queda muy bien el pelo como lo tiene, pasándole la mitad de la espalda. Su cara tiene unas facciones especiales que se realzan con ese forma de peinarse que tiene, con esa manera que tiene de recogérselo hacia atrás en rodetes inexistentes. Me gusta, y ¿qué?
El alba tros
Ella trabaja en una librería de usados y ocasión que tiene el baudeleriano nombre de “El albatros”; mientras tanto intenta ir consiguiendo trabajos relacionados con el diseño.
El lugar me gustó mucho. Ese aroma de papel y madera. Se puede decir que tiene onda. Los dueños son dos amigos gays de Melisa.
Estaba uno de ellos, que cuando me vio entrar (yo me había quedado mirando unos libros en la vidriera), exclamó: “Es ella. Seguro que es tu novia”. Esa frase me trajo temporariamente recuerdos de una noche que prefiero olvidar.
- Sí, es ella- dijo Melisa viniendo a mi encuentro.
- Hola amor, te presento a Roberto. Roberto te presento a …
- Encantada, dije.
- Encantada, dijo. Ay sí, soy así, una loca que prefiere hablar en femenino.
Todas nos reíamos un rato, y para mi sorpresa (no sé bien por qué) Roberto comenzó a recitar un poema de Perlongher.
Nos quedamos charlando los tres, tomamos un café, hasta que R. se fue. Nos dejó solas y me puse a mirar qué había de bueno por allí. Cómo estaba armada, es decir, secciones, etc. Me gustan mucho los libros. Me siento que respiro entre ellos.
Melisa parece moverse como pez en el agua también. Entraron dos personas y a ambas les vendió varios títulos. Este era todo un lado suyo que desconocía. Fue como agregar una pieza la rompecabezas.
Estaba muy linda: de jeans, con una camisa tipo leñadora (qué vieja, no? para las referencias), como un pañuelito al cuello de color violeta, y ahh, ese perfume que me vuelve loca: Dune.
- Qué sorpresa el que hayas venido. Ya te estaba por mandar una invitación.
- No seas exagerada. Hace poco que nos conocemos, poco que salimos, poco que nos peleamos, poco que nos reconciliamos. ¿Qué más querés?
- A vos. Todo el tiempo a vos -se acercó y me dio un beso de lengua que me dejó… así.
- ¿Nos vemos esta noche?, le pregunté.
- Sí. Pasa a buscar las cosas por mi casa y voy.
- Te espero. Pero venite comida, no hay nada de nada en la heladera.
- Ok. Así será.
Aprovecho ahora que se está duchando. Escucho el agua caer sobre su cuerpo, el aroma del jabón; un poco del vino y del sahumerio que encendimos y bebimos me está dando ganas de, bueno, ir a ducharme, o directo a la cama. Y no sé.
Punky dumpy
- ¿Algunas vez cogiste escuchando AC/DC?
- Ehh, no.
- ¿Querés probar?, me dijo blandiendo un CD bien adelante de mi cara.
- ¿Probaste con Patti Smith, o Sex Pistols?
- Patti Smith me parece que sí…
- ¿Qué canción?
- Ni idea.
- Hereje.
Y sonó:
“She’s got style that woman
Makes me smile that woman
She’s got spunk that woman
Funk that woman
She’s got speed my lady
Got what I need my babe…”
Y también:
“You ask me ’bout the clothes I wear
And you ask me why I grow my hair
And you ask me why I’m in a band
I dig doin’ one night stands
You wanna see me do my thing
All you gotta do is plug me into high
I said high
High voltage rock ‘n’ roll”
Y creo, que empecé a cerrar varias puertas, a cerrar cierta herida. La música, la saliva, el humo, el sexo húmedo, la grupa invitante, la lengua, el beso, la nuca.
Pude sentirme en el aquí, en tiempo presente. El dibujo del deseo llevado por sus manos, por sus dedos. Los cíclopes cortazarianos, las caníbales de Wittig.
Todo el cuerpo en los cuerpos. El incendio inmemorial de la raza. Las hijas de la labrys, de la sangre bebida en cuencos blancos.
Fuimos brujas, amantes, prisioneras, monjas, esclavas, astrónomas, rockeras, abuelas, adolescentes, fugitivas, tristes y alegres hijas del deseo, mutuo. Encendido con el roce de la duda y la certeza.
Hablamos, amamos, comimos, bebimos, leimos ¿años, horas, minutos?
Living, loving, she’s just a wo man
Estoy en un hotel en una de las avenidas más francesas de la república argentina. Y en el techo se dibujan las luces de los autos, se escuchan las bocinas. Pedí habitación a la calle, así me inunda el mundanal ruido. Es más, pedí la misma habitación en la que hice el amor, por primera vez, con Elsa. ¿La recuerdan?
Las luces van dibujando mapas sonoros que se mezclan con el humo del cigarrillo. Hace un frío de cagarse. Un frío que el chocolate que tomé en La Giralda no pudo alejar.
Como siempre compré unos libros, no puedo dejar de hacerlo cada vez que vengo a Buenos Aires. Y menos en este viaje de ¿transición? ¿de tiro por elevación?, de puros signos de interrogación.
Soy sólo una mujer, perdida en su propia estupidez. Perdiendo la cabeza por una mujer que la pierde por ella, pero mejor no. Ver qué pasa. Cómo arreglamos el cristal que se quebró.
Algo en mi interior hizo crack. Voilá. Aquí estoy, en esta pieza de hotel, en la avenida más francesa de este país. Sola. Esperando que se hagan eso de las 21:30 hs. La llamé a Elsa. Quedamos en vernos en el Café Montserrat. Al menos nos juntamos allí. Después veremos. Después veré.
Frío, humedad, sal en los labios. Garganta seca. Y el viaje continúa. Rosario, Paraná, Córdoba. Escalas del olvido.
Wish you were here, my love.
Música incidental
como si fuera esta noche la última vez…”
“El ojo blindado que me has regalo
me mira mal…”
“Una mujer, una mujer atrás,
una mujer atrás de un vidrio empañado,
pero NO, mejor no hablar de ciertas cosas…”
“A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor”
“So kiss me once, and kiss me twice
and kiss me once again,
it’s been a long, long time…”
“Arráncame la vida de un tirón
que el corazón ya te lo he dado…”
Yer ra
¿Por qué yerra? Por que se la hacen (la marca) a un animal acorralado, y es una marca de pertenencia, al menos temporal: hasta que se morfen al bicho.
Marca en el cuerpo, en la voz, en los dedos amarillos por el tabaco. En el esfuerzo que puede resultar tratar de cruzar nuevamente el puente, pero sin la magia de la primera vez.
El dolor desnuda y lo que muestra es lo que seremos cuando haya sólo cenizas: una nada que intentamos vestir, maquillar, reconocer a ciegas en ciegas noches de amor o de alcohol.
La escupida, para arriba, del amor. El odio a una misma en el desamor. La sucia y a veces innecesaria parafernalia de la reconciliación: ¿me perdonás? ¿todavía me querés? ¿no ves que sos la única?.
No. No caímos en eso. Escupimos ácido en las heridas, quizá no las actuales. Más viejas. Las más mías. El sarcasmo de la sabiduría en boca de una niña.
¿Habrá pañales geriátricos mentales?
¿El fin?
Rápidamente me contó qué había sido de su día, que había tenido que preparar como una clase especial sobre diseño web con otras compañeras, que Carlos se había olvidado de ir a pagar la luz y así.
Yo sonreía, la escuchaba detenidamente, como siempre.
- Pero a vos qué te pasa hoy, me preguntó tierna.
- Nada. Pavadas.
- Dale, ¿te puedo ayudar?
(Ya me estás ayudando, y yo no quiero, es como que mi lado oscuro no quiere).
- No. No te preocupes. Es… sólo cansancio.
- No te creo. Se te nota que no es eso.
(Suspiro mío)
- Esta mañana te vi en el bar, estabas con tus compañeras.
- ¿Sí? y ¿ por qué no entraste? o ¿pasaste en taxi?
- No, había salido a caminar, refrescar un poco las ideas, y a comprar puchos y café.
- Y ¿por qué no entraste, mala?, dijo como haciendo pucheros.
- Es que… No sé.
- …
- No se me dio.
- ¿No se te dio?
- Es que pensé que si entraba te iba a incomodar, o que tus compañeras pensarían que soy tu madre.
- ¿Qué? me dijo fulminándome con la mirada.
- Eso.
- ¿Vos pensaste eso? En vez de pensar que me pondría contenta de ver por allí, de manera inesperada. No pensaste que podría haber sido una alegría para las dos.
- Eh…
- Qué pelotudez. Jamás pensé escuchar de vos esta pelotudez.
- Melisa…, le quise agarrar la mano y me la sacó antes.
- Melisa ¿qué? ¿Dónde cuernos quedo yo? tengo 22 años, pero ya no me hago pis en la cama, laburo y ya tengo edad de poder elegir con quien estar, a quien querer. Y en este caso sos vos, que parecés no quererlo del todo.
- Escuchame no es eso.
- ¿Qué diablos es entonces? ¿De qué tenés miedo? No lo puedo creer, yo agazapada un año, preguntando de vez en cuando por vos, y escuchar esto de ahora. ¿Sabés qué?
Moví de manera negativa la cabeza, sin abrir la boca.
- ¿Sabés cómo te hubiera presentado?… Chicas, ella es …, mi novia.
Sonreí.
- De qué te sonreís. Así te siento yo, ¿y vos a mí?
- También claro que sí.
- No, creo que no.
- Melisa…
Se paró. Y se dirigió a una mesa cercana. Yo la miraba y no lo podía creer.
Se dijo a una pareja que estaba allí sentada:
- Hola, ¿tiene idea de quién es ella?
Cara de nada de esas personas.
- Mi novia.
- Melisa, por favor, apenas pude articular desde la mesa.
Fue hacia otra mesa:
- Sabe quién es ella?
- No, ¿quién?
- Mi novia.
Volvió como sacada de sí, era la primera vez que la veía así y que veía a otra mujer actuar así, en público.
- ¿Dónde más querés que lo diga para creerme?
- Te creo. Pero salgamos de acá ahora mismo.
- ¿Miedo, vergüenza?
- Por favor Melisa, salgamos.
Ya en la calle la cosa siguió. Y me fue dando de a palos. Me fue sacudiendo duro, muy duro.
Pero tenía razón. Toda la razón del mundo.
- ¿Por qué te negás a ser feliz?
- No… lo… sé, le dije llorando, sentada en el banco de una plaza.
Creo que nunca me sentí tan desnuda ante alguien, creo que cualquier persona me hubiera podido ver hasta los huesos.
- Es que… No sé. ¿Demasiado bueno para ser real?
- Ah, no vengás con esa frase hecha. A mí no. Con eso no me arreglás, no me alcanza.
La miré desolada: “Con qué te alcanza?
- Con vos,…, con vos. ¿No lo entendés? Vos hablando, en silencio, cogiendo, haciendo el amor, cocinando, leyendo, de frente y en el teléfono. Tus manos, tus tetas, tu concha. Tu cabeza, tu inteligencia (de la que ahora dudo), tu fuerza interior, tu historia.
También con tus dudas, pero para eso quiero que las compartas conmigo, aquellas que tengan que ver conmigo. No pienses por mí, ni quieras tener todo bajo control.
Y me abrazó muy fuerte. Hacía tiempo que no lloraba de esa forma. Sigo llorando. Hoy no fui a trabajar, no puedo. Y esto apenas lo puedo escribir.
El la en su mundo
Y hacia allá partí. Iba pensando en nada cuando la ví a Melisa en un bar, estaba con cuatro o cinco chicas más, todas de su edad.
Me quedé detrás de una garita y me puse a observarla. Fue muy raro, pero quise hacerlo, ya que no me animaba a pasar por la ventana del bar y menos de entrar.
Tenía el cabello recogido en una especie de esos rodetes que son poco estables. Se le veía esa nuca que he besado ya tantas veces en tan poco tiempo. Se sonría, la vi tomar un gaseosa light (qué asco!!), y la vi gesticular mucho.
Por momentos todas parecían hablar a la vez, y no dejaban de pasarse papeles. Verla allí, entre sus pares, fue una especie de visión que no esperaba tener, al menos tan pronto. Ese otro mundo, su mundo y sus amistades, sus compañeras, alguna ex amante ( por qué no).
Y el vértigo de la edad. Quizá si entraba en el bar ellas hubieran creido que soy su madre.
No. Me quedé allí un rato y me pegué la vuelta a la oficina. Y debo haber quedado algo tildada porque cuando me llamó para ver si nos veíamos esta noche, le dije que hablábamos más tarde.
Breakfast in bed
Pero un aroma me llevó a abrir los ojos: café. Y se sentí muy cerca. Fui cayendo en mí y vi que Melisa me había traído el desayuno a la cama.
El corazón me dio un vuelco, ¿cuándo fue la última vez que pasó esto en mi vida? Años luz.
Me senté en la cama y unos labios mezcla de carne y mermelada me besaron, me fueron trayendo a la orilla de la realidad.
Wow. Café, jugo de naranjas (¿de dónde las sacó?), tostadas con mermelada y unos pirulitos de manteca.
- Buen día su señoría!, y volvió a besarme
Por mi parte mi saludo fue una especie de lava saliendo de una cueva. Se río.
- Qué voz tan sensual!
- Es la que tengo, linda.
Me acordé de un tema que cantaban UB40 con la mina de Pretender, creo. Que se llama como el nombre de este post.
Y supe que un lunes puede empezar de otra manera. Y lo más extraño fue que cuando terminamos de desayunar, la bandeja y todo fue a parar, lentamente al piso, y recordé lo que era hacer el amor por la mañana, y mi cuerpo se llenó de otra energía.
Vi que va a la Facultad con sus piercings, perfumada, fresca, con ganas de discutir todo. Me quedé en la cama y fui viendo como se ponía su jean, una remera, un buzo encima. Fui testigo de una de sus mañanas, la primera que compartimos.
Recién lo recordé y uf, me dio un tirón allí mismo. Qué vieja calentona. Ja. Me río de mí misma. ¿Me estoy enamorando? Debe ser que sí porque ya siento el ejército del autoboicot poniéndose en marcha.
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Sin su eño
Desde donde estoy puedo ver a Melisa durmiendo, en mi cama. Estoy en el living y dejé entornada la puerta a propósito.
Me gusta verla dormir. En ese momento es como que podés conocer el otro lado de las personas.
Necesitaba fumar un cigarrillo y tomar distancia. Hoy sí se queda. Lo charlamos ayer. Ya se trajo sus cosas de la Facultad y unos impuestos que tiene que pagarle a la madre.
Está aquí y se quedará a dormir porque ambas lo queremos. Suena fácil, pero no lo es tanto.
La veo tan joven, tan fresca. Cargando con toda otra cultura. Sin embargo tiene mucha conciencia del pasado. Se nota que habla mucho con sus padres. La madre estuvo exiliada, cuando volvió al país, la parió.
Los datos que dan todo y no dan nada. Te sitúan, te encuadran la historia y pará de contar.
Ella es tan joven como la democracia, y si nos ponemos a pensar, en estos 22 años ya cargamos muchas muertas y muertos más. Lo que dejó incrustado el sistema del Terror es lo que sigue matando.
Pero yo quería hablar de verla allí, semidesnuda, respirando tranquila. Quería escribir sobre poder juntar estos pedazos de historia que somos, estos cuerpos nuevos y gastados (y allí las edades se mezclan). Y no sé, realmente no sé, por qué me salió lo de la dictadura. Esa marca de años queda, y siempre reaparece. Es inevitable cuando trato con gente joven, por suerte la gran mayoría gente piola.
Ella allí abriendo la puerta de otro mundo para mí. Cierta adrenalina. Juntar lo cuerpos, juntar los fragmentos que somos. Juntar esa mirada con la mía. ¿Es posible mirar juntas? ¿Será posible?
Comiendo en lo de Amanda
Acabo de llegar de lo de Amanda. Me invitó a comer locro, casero. Excelente, y muy liviano. Ella le pone de todo, pero nunca te cae mal.
Amanda estaba como loca, quería saber T-O-D-O, y que cómo se tenía que enterar por Sara y etc.
Cuando terminé de contarle todo lo que ustedes ya saben, salvo algunos detalles o datos que no he dado por aquí, Amanda se me quedó mirando.
- Mirá. ¿Cuántos años hacen que nos conocemos? ¿Más de 20?
- Y sí, por ahí andamos.
- Es la primera vez que te noto hablar como una “enamorada”.
- ….
- Sí, no te hagás la boluda. Sabés a qué me refiero. Al menos es la primera vez que te escucha hablar así desde la historia con Inés.
- No empecemos…
- No, no empiezo, pero ya sabés qué pienso.
- Sí… que la dejé ir.
- Y más cosas, que ahora no vienen al caso. Y por eso te quiero decir esto, si a esta piba la querés o ves que te estás enamorando o que puede ir en serio, por favor, no la dejés, no la espantés. Tenés esa extraña capacidad de destruir lo bueno que te pasa.
- Ah, gracias, sos una amiga.
- ¿Me equivoco? ¿Qué pasó con Inés? Tu maldito orgullo.
- Cortala que se pudre todo.
- Yo la corto, pero no quiero que te sigas haciendo mierda, y en este caso que la hagas mierda a Melisa. Por poco la vi crecer.
- Otro palo más ¿no?
- No. Lo de la edad es bien relativo. Pero espero que todo ande bien.
- Ay Amandita, para mí la edad no es poca cosa. Melisa me está dando un nuevo aire que respirar, pero es joven, y planea irse a vivir a otro lado cuando se reciba. Puede aparecer otra mujer.
- Basta. Pará. ¿Estás bien con ella?
- Sí. Muy bien, te diría.
- Entonces no pensés tanto en el futuro. Pero ayudalo un poco y que ese poco sea bueno.
Se me acercó y me abrazó muy fuerte.
- ¿Cuando se vuelven a ver?
- Creo que esta noche. Quedé en llamarla.